Rafael Cantarero Santacruz
 
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Escribe Manuel Estévez Recio:

Conocí a los 3 hermanos, pero con el único que coincidí en el Colegio Gran Capitán, fue con Rafael Cantarero Santacruz.

Entró en la Universidad Laboral el mismo día que yo lo hice, en Noviembre de 1957. Recuerdo perfectamente cuando entramos en la “sala” de filiación, Navas, Unquiles, Nogueras, el desaparecido Cantarero y yo mismo. Recuerdo que después de rellenar unos datos, medirnos de estatura y echarnos una foto, pasamos al “departamento”, del Sr. Cruz Carrascosa, el cual al vernos tan pequeños (medíamos en torno al 1,56), nos dijo, por aquí chicos…

Ya en su despecho y al entregarnos el “Albornoz”, todos nos limitamos a coger el que nos daba el recordado “arbitro retirado”, pero el amigo Cantarero, recuerdo que lo quiso de los mayores que hubiera, así pudimos comprobar que le llegaba por los tobillos. El nos dijo que su madre le había dicho que lo cogiera grande.

Cuando nos distribuyeron por aulas, a ellos tres los mandaron a la XXVII, que daba sus ventanas a las vías del tren y a la carretera de Madrid. Allí el que hacía de Jefe de Aula era Jesús Calero León, hoy en día recientemente jubilado de Asland (Fábrica de Cementos) en donde también han trabajado Quirós Reyes y Navas Linares.

El amigo Rafael Cantarero, era uno de los personajes clásicos del Campo de la Verdad, aunque de corta estatura era importante su identificación con el entorno de toda su vida. En su parada que era la del “Puente Romano”, rivalizaba en liderazgo con José Vázquez Martín (Matías Prats), gran compañero y mejor fresador..

Rafael Cantarero a petición del Padre Cabedo, fue uno de los componentes de “los pequeños papeleros”, del Colegio Gran Capitán. El grupo lo formó, Cantarero, Navas, Unquiles y Nogueras. Las únicas ventaja de que disfrutaban, era que aún siendo externos, disponían de una habitación en el Colegio Juan Mena, como si fuera suya.

El primer año de entrada el amigo Cantarero destacó en el taller Pre-vocacional, en la sección de Carpintería, así se jactaba de comentarlo un día el desaparecido Padre Leonardo. No obstante al pasar a Talleres Generales, optó por la sección de bobinaje con su compañero Navas Linares, los otros dos fueron instaladores.

La muerte prematura de sus padres, precipitó toda su salida de la Universidad. De principio se marchó a Alemania, en donde trabajó durante unos pocos de años y en donde gracias al dinero que mandaba, pudieron salir adelante sus hermanos menores. Al principio de los setenta volvió a España en donde trabajó en el sector de la madera. En Alemania había completado su formación profesional, había adquirido varios idiomas (alemán y algo de inglés), y bastante experiencia. Pero no todo iba a ser positivo, ya que al parecer mostraba una predisposición cíclica al estado depresivo.

Después de trabajar varios años en el sector de la madera y ponerse en adecuado tratamiento, accedió a la vida matrimonial, donde tuvo varios hijos. A finales de los setenta tuvo la oportunidad de ingresar en el Ayuntamiento de Córdoba, esa colocación, le dio cierta tranquilidad y estabilidad. De él cuentan sus compañeros, que era un hombre sumamente preparado en todos los terrenos, y con un gran sentido servicial. Ayudaba a todo el mundo.

Era un gran aficionado al senderismo, era cooperante en varias ONGS, y un consumado donante de Sangre. No obstante, su impotencia ante algunos problemas familiares, le desestabilizaba su estado síquico y volvía a tener algunas recaídas depresivas. Los compañeros sabedores de su nivel de preparación le insinuaron que sacara provecho de su estimables conocimientos y optase a alguna plaza de funcionarios en propiedad que se habilitaban en el propio Ayuntamiento.

Según me ha contado Emilia, su última compañera, el no quería complicarse la vida en su trabajo y sólo le gustaba dedicarse a lo que le gustaba como terapia para su tema depresivo. El era un hombre que lo querían en todos los servicios y departamentos, porque además de ser una buena persona, era un gran manitas para resolver cualquier tipo de situación. Aún así a finales de los ochenta (dice Emilia), lo animé a que concursara por una plaza en propiedad de cara a la jubilación, y es por lo que optó a la plaza de Ordenanza. Ni que decir tiene que de entre trescientos cincuenta que lucharon por la plaza, él, sacó el número uno. Para una persona depresiva como él, aquel triunfo con Boletín del Estado incluido, le costó lágrimas de verdad, de esas que salen de lo más profundo del corazón..

Boletín Oficial del Estado
Lunes 1 de Enero de 1990

Número 1

Página 9

RESOLUCIÓN DE 18 de Diciembre de 1989, del Ayuntamiento de Córdoba, por lo que se hace
Público el nombramiento de dos funcionarios.

En cumplimiento de lo dispuesto en el Real Decreto 2223/1984, se hace público que, a propuesta de los respectivos Tribunales Calificadores, el Alcalde accidental, asistido de la Comisión de Gobierno en sesión de 1 de Diciembre de 1989, ha efectuado los siguientes nombramientos de funcionarios.
Don Rafael Cantarero Santacruz, Ordenanza

Córdoba 18 de Diciembre de 1989.-El Alcalde Herminio Trigo Aguilar

 

Después de esta aparente felicidad y la ayuda que encontró en su compañera Emilia, algunos problemas familiares lo volvieron a trastornar. Tuvo que ser ingresado varias veces por motivos de ansiedad, depresión e inestabilidad general Salía y entraba del hospital con relativa frecuencia. Finalmente tuvo una recaída a finales de 1994, de la que no se repuso, muriendo en el Hospital el 27de Diciembre de dicho año..

Sus compañeros lamentaron mucho su muerte que finalmente debió ocurrir de forma precipitada. Según su lápida, dejó esposa, hijos y una nieta. Tenía 51 años.